sábado, 28 de febrero de 2015

A pie de la cama

Son las 10:33 y voy camino a casa después de haber salido del trabajo, se que nadie me espera allí, vivo solo desde hace 1 año pero me invade el miedo y no quiero llegar, he tenido problemas para dormir desde hace unos días y las últimas 2 noches me he dado cuenta que, ahí, en la oscuridad, hay un hombre mirándome.

 La primera ves que me percaté de su presencia, lo vi en la puerta de mi habitación; yo intentaba dormir boca arriba cuando sentí su mirada, había demasiado silencio, solo lo mire de reojo, estuvo ahí toda la noche, mirándome, no puedo dormir con el mirándome, ni siquiera quiero perderle de vista.

Anoche todo empeoró, apareció cerca de las 2:50 de la madrugada en el mismo lugar, solo lo veo con el rabillo del ojo pero no dejo de verlo, sabe que lo veo, pero anoche me distraje y miré para arriba, cuando volteé con él, estaba a pie de mi cama, mirándome. Finalmente, sé que debo llegar a mi casa en algún momento y dormir, solo no debo perderle de vista.

martes, 24 de febrero de 2015

Los relojes

En un viaje de Valencia capital a Cullera, lugar de la costa valencia al que ya estaban casi llegando, un matrimonio sudamericano sufrió un avistamiento del que no fueron realmente conscientes. Era aún de día y sólo recordaban el sonido estridente de la radio y las luces que se acercaban hacia ellos cegándolos. Nada más. No recordaban nada más. Al despertar vieron que estaban en la cuneta, con el coche en marcha y en estado de semisueño. Despertaron y siguieron su camino mientras se preguntaban qué había ocurrido.

 - ¿Qué hora es? -preguntó el marido mirando su reloj.
 - Las cinco. -Contestó su mujer
.- Pero está parado, no puedo asegurártelo.

 El hombre se dio cuenta de que su hora coincidía con el reloj de la mujer pero le extrañaba algo: la tarde estaba acabándose, se notaba en el cielo. Llegaron a los pocos minutos a Cullera y lo primero que hizo el hombre fue entrar en una relojería: Todos los relojes marcaban las cinco de la tarde, y como el suyo y el de su esposa, todos estaban parados. El dueño iba de uno a otro poniéndolos en marcha, dándoles cuerda, mirando las pilas. El sudamericano se presentó y le confesó lo que le tenía preocupado, a lo que el dueño de la relojería contestó:

 - Hoy ha ocurrido algo extraño, todos los relojes de la tienda se han parado a las cinco de la tarde.