martes, 27 de agosto de 2013

El misterio del Mary Celeste

El Mary Celeste es quiza el más célebre de los casos de barcos fantasmas.
Fué construído en Parrsborough, Nueva Escocia, en el año 1861. Era un bergantin goleta, con casco de madera y dos palos, con aparejo redondo en el palo trinquete, velas de estay entre éste y el mayor y escandalosa y compleja en el mayor.
 Tenia 286 tons. de desplazamiento, con 30 metros de eslora y 7,6 de manga. Su nombre original era Amazon, luego Mary Sellars y al final, por un error tipográfico por parte del pintor, se convirtió en Mary Celeste.
El 7 de noviembre de 1872 zarpó de Nueva York con rumbo a Génova, a mando del capitán Benjamin S.Briggs, nacido en Marion, Massachussetts y 7 mimebros de la tripulacion, acompañados de la esposa de Briggs y su hijita de dos años.
Según el diario de a bordo, el bergantin llegó a las Azores el 24 de noviembre y a la noche siguiente se encontró con mal tiempo. No hay más anotaciones, pero en la pizarra del puente (donde se anotaban las diferentes posiciones antes de pasarlas al libro de navegacion) figuraba que el Mary Celeste se encontraba exactamente al nordeste de la isla de Santa María. Es todo un misterio lo que sucedió al barco desde entonces hasta que fué hallado a la deriva y sin nadie a bordo.
El 5 de diciembre de ese mismo año, el vigía de la nave británica Dei Gratia avistó un barco que parecía tener problemas. Tres tripulantes bajaron del Dei Gratia y remaron hasta el barco en peligro para ofrecerle ayuda. Treparon por la barandilla y llegaron a la cubierta; salvo por el sonido del viento en las velas y el inquietante crujido del maderamen, no se oía nada. Los marineros registraron el barco desde los mástiles hasta la bodega y lo encontraron en excelentes condiciones, pero no había ni un alma a bordo. La tripulación había desaparecido sin dejar rastro.
Después de los misteriosos sucesos, la carrera del Mary Celeste fue cuesta abajo. Fue puesta a venta varias veces (siempre por debajo de su valor) y todos sus dueños maldijeron su suerte por la mala fortuna que traía consigo ser propietario de un barco embrujado.

martes, 13 de agosto de 2013

El hombre de negro

“Y como siempre, allí estábamos los de siempre, haciendo lo de siempre. Sentados en la oscuridad, alejados de todo aquel que solo quería imponernos algo. Todos hablábamos, reíamos, bebíamos y todas esas cosas que haces con los amigos.
Cuando mejor lo pasábamos, Carol, mi mejor amiga empezó a llorar mientras gritaba que en el fondo en la oscuridad había alguien que vestía de negro y estaba tan pálido (o al menos eso vio) que parecía un muerto. Todos comenzamos a reírnos y le dijimos que dejara de beber. Ella insistió.

Dos de los chicos que estaban con nosotras se ofrecieron a acompañarla hasta el sitio para que se convenciera de que allí no había nada ni nadie. Al final fuimos todos. Llegamos, miramos por todas partes y, como habíamos pensado, no había nada; mejor dicho, nadie.
A Carolina se le pasó el susto. Volvimos a crear el ambiente que teníamos, cuando vi algo: era ese hombre, el de negro. Me entró tal miedo que comencé a gritar. Los chicos pusieron cara de mosqueo y nos empezaron a decir que la broma había estado muy bien pero que paráramos, que se estaba haciendo pesada. Nosotras no dejábamos de decir que aquello no era una broma, que habíamos visto a aquel hombre o lo que fuese.
Después de un rato decidimos quedarnos allí un poco mas, pero esta vez cambiamos los sitios.
Cuando mas a gusto estábamos, uno de los chicos, Juan, le dijo a otro que mirase al fondo. Este se levanto y dijo gritando ¡¡¡¡CORRED!!!!
No tuve tiempo a girarme y mirar, pero se lo que vieron. ¡¡¡SI!!! Se que habíamos bebido, y también se que cuando se bebe se puede llegar a ver cosas que en realidad no están pasando pero en este caso lo vimos cuatro personas. No volvimos a aquel sitio nunca mas.”