lunes, 25 de febrero de 2013

La penitente

No sólo en la ciudad de México es posible escuchar esta historia, pero sí es tal el lugar en donde se halla mayor difusión: una anciana mujer asciende un taxi; el conductor pregunta adónde desea que la lleve. Ella inicia un periplo que la llevará de iglesia en iglesia. De cada sitio de oración la mujer regresa al vehículo envuelta en llanto y con rezos en los labios. El itinerario dura alrededor de dos horas, hasta que por fin la mujer indica al taxista que la conduzca a su casa, en donde sus familiares pagarán por el servicio, que no ha sido barato. Una vez en la puerta del hogar, la mujer desciende diciendo que irá por el dinero, pero largos minutos pasan y nadie se asoma a abonar la tarifa. El taxista, fastidiado, llama a la puerta con acritud. Cuando se presenta un ocupante, se queja del comportamiento de la anciana y reclama su paga. En la casa, a la que ha accedido tal vez sospechando un ardid o una broma, le explican que la mujer ha muerto hace años, y es probable que hasta le exhiban entrañables fotografías de los últimos años de la abuela. El conductor, si es que ha llegado a sus oídos la leyenda, cae en la cuenta de que ha servido de chofer a la penitente, un espíritu que adopta la forma de muchas viejas mujeres para concurrir a rezar a templos, tratando de expiar quién sabe qué pecado.

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