miércoles, 29 de febrero de 2012

Las cuevas de Isla de Pascua

“Era nuestra cuarta expedición a Rapa Nui. En cada una habíamos cartografiado la isla y las cavernas, sorprendiéndonos con una serie de hallazgos.

Pero encontrar en una isla tan pequeña, tan distante, un sistema de galerías naturales de más de seis kilómetros, fue algo asombroso”. Quien habla es Jabier Les, presidente de la Sociedad de Ciencias Espeleológicas Alfonso Antxia, la entidad española que lideró un estudio tan sorprendente como revelador: el descubrimiento en detalles de los secretos de las cuevas de Isla de Pascua, el lugar donde se refugiaban los nativos en sus guerras internas y antes de la llegada de los occidentales.

Hasta hace una década, las galerías subterráneas -las accesibles- suscitaban el interés de operadores turísticos en Rapa Nui y afloraban historias sobre isleños que aún dormitan en sus escondites, emulando la vida de sus antepasados.

Pero Les y su equipo de espeleólogos (exploradores de cavernas), en conjunto con expertos italianos y arqueólogos chilenos, recorrieron los lugares más recónditos del sistema de cuevas, confirmando que es el mayor complejo de cuevas de lava del país y el número 11 en superficie de todo el mundo. “Ha sido una revelación, sabíamos que existían estas cuevas, están ahí hace siglos, pero no se había tomado en cuenta la variedad, cantidad y singularidad”, señala el administrador de Conaf del Parque Nacional de Rapa Nui, Enrique Tucki.

Jabier Les cuenta que las expediciones, iniciadas en 2005, se abocaron al estudio del sector de Roiho (al norte de Hanga Roa), donde se hallaron 45 cuevas con evidencias arqueológicas. Allí encontraron una treintena de osamentas humanas, puntas de flecha, lanzas, hachas, utensilios y petroglifos.

En esos sitios -cuentan los expertos- se refugiaron los pascuenses en el siglo XVI, cuando su cultura estuvo al borde del colapso, por la grave degradación medioambiental y las duras guerras tribales desatadas por la sobreviviencia. “Los usos más conocidos son en los períodos de guerras de tribus, cuando se transforman en cámaras secretas donde se protegían y también como sitio para recolectar agua y realizar cultivos agrícolas”, dice el arqueólogo de la U. de Chile Claudio Cristino, que estuvo en la expedición.

Según Cristino, había 20 mil personas en un medioambiente frágil que, al verse sobrecargado y agravado por hambrunas y sequías, gatilló la crisis social que los llevaría al borde del colapso, al fin de la era de los moai y al inicio del culto al Hombre Pájaro, poco antes de la colonización occidental.

miércoles, 22 de febrero de 2012

El día en que el infierno subió a la tierra

El sonido ensordecedor de un relámpago anuncia la llegada de la noche, se comienza a escuchar el canto agudo de los cuervos a la oscuridad. Los cielos se tornan de un negro agudo jamás antes visto y a la vez un enceguecedor relámpago rojo azota violentamente el suelo haciéndolo crujir y agrietarse.

Desde las profundidades del pavimento comienza a salir la lava ardiente junto con miles de demonios de figuras espectrales acechantes armados con dagas y tridentes con sed de sangre y muerte una sinfónica conformada por mil ángeles negros entonan su música fúnebre creando un ambiente de maldición y depresión acompañados con los gritos y llantos de las personas asustadas los cuales les sirven de coro a aquella melodía siniestra.

La luna comienza a tornarse roja a medida que los lobos lanzan sus aullidos hacia ella, los ecos de la muerte comienzan a invadir el ambiente poco a poco, las personas comienzan a caer al suelo sus vidas han sido apagadas y los demonios comienzan a celebrar su guerra ya ganada. Del cielo comienza a caer un diluvio de agua con un sabor agrio, son las lagrimas de millones de ángeles, vírgenes y santos los cuales lloran con impotencia la desgracia que está ocurriendo en el mundo esta vez los rezos y Dios no sirvieron de mucho, el daño ya estaba hecho y los demonios danzaban victoriosos sobre las personas muertas y agonizantes aclamando la aparición de su maestro.

Pocos humanos sobrevivieron a los hechos, pero el recuerdo de ese día jamás será borrado de sus mentes, el día de los relámpagos rojos y la lluvia de lágrimas… el día que el infierno subió a la tierra.

jueves, 16 de febrero de 2012

Historia escalofriante

Bueno mi historia me lo contó una amiga que la llamaremos Ana (no puedo decir su nombre porque me lo pidió).
Bueno ella tiene su papa al que el tenia un gran amigo pero su amigo estaba enfermo pero nadie sabia ni siquiera el.
Una noche su papa de mi amiga esta durmiendo y en su sueño aparece su amigo con una maleta en su mano llena de ropa diciéndole que fue un gusto conocerle y que a llegado su hora de irse aun lugar mejor, el no entendía lo que le estaba diciéndole.
Al día siguiente le cuenta a mi amiga y a su esposa y le dijeron que de repente era una señal y que mejor era que lo visitase. El acepto, pocos minutos se fue a visitarlo, toca el timbre y sale su esposa de su amigo llorando diciéndole que había fallecido esa mañana . El papa de mi amiga entro en show y al fin entendió esas palabras que le había dicho….se estaba despidiendo de el.

viernes, 3 de febrero de 2012

Bosque mortal

Nos dirigíamos por la autopista con la ayuda de mi viejo Ford cinco puertas, con intenciones de llegar a una majestuosa ciudad, que contaba con un extenso mar y con bonitos hoteles cuatro estrellas.

Viajábamos de noche conducía yo. Mis dos nerviosos hijos iban peleando como perros y gatos en los asientos traseros, a causa de un juguete. Por otro lado mi querida y radiante esposa, hacía notar su presencia en el asiento del acompañante.

Mientras conducía, hubo algo que llamó mi completa atención.
Jamás había visto un cielo tan turbio, como el de aquella noche. Sin duda, la noche es tenebrosa en muchas ocasiones, pero en esta ocasión mucho más. Parecía que sombras etéreas revoloteaban en los cielos, como bestias despreciables provenientes del mismo infierno.

Con la vejiga ya por estallar a causa de unos refrescos, Tuve que detenerme a un costado de la carretera, para poder orinar.

Una vez que apagué el motor del coche, me puse en dispuse a abrir la puerta. Pero mi esposa me dijo algo muy extraño antes de que saliera del automóvil. Algo que le traía asustada e inquietante.

-Denis, ten cuidado. Y no te tardes.
-Despreocúpate, mi amor (le dije, aliviando su ser).

Y gesticuló, demostrando su preocupación notablemente. Aquella carretera estaba avizorada por extensos bosques de pinos, que inundaban en fauna salvaje. Mi esposa, tenía una especie de fobia a los animales y más a los noctámbulos. Y yo, por otro lado, era todo un aventurero a la hora de encontrarme con animales indómitos y esotéricos.

-Dicen… que estos bosques son peligrosos.
-Lo sé, pero tengo que orinar ¡Mujer!.

Dejando el parloteo con mi mujer que demostraba su preocupación en un grado elevado, enfilé lo bastante lejos del automóvil para poder hacer mi necesidad con privacidad.

Caminé un trayecto considerable y encontré el árbol perfecto, (parecía un can escogiendo su lugar preferido).

Para no entrar en detalles lujosos, una vez que terminé, decidí volver al coche que estaba a unos diez pasos de mi ubicación. Realmente me había alejado lo suficiente, como para ser devorado incompasivamente por alguna criatura de los caudales sombríos.

Pero cuando estaba a punto de comenzar a movilizarme con mi cuerpo falto de ensanches, escuché un chirrido desordenado que provenía de unos arbustos cercanos a mi posición.

Sin pensar mucho en la situación y por una curiosidad muy propia de los humanos decidí, investigar de quién o de qué provenían tales sonidos.

En un movimiento brusco con mi brazo para correr los débiles arbustos, logré ver quién era el dueño de los sonidos tan vagos y a la vez tan vivos. Al parecer y, por lo visto de mis ojos que nunca me fallaban, el causante de los sonidos era un niño. Pero, si lo miraba detenidamente lograba darme cuenta que parecía ser una niña; por su vestido floreado y su sombrerito rosa.

Esta situación se tornaba un tanto extraña, ya que este ser tenía rostro de varón y vestimenta de mujer. Si hubiese sido más grande de edad, me hubiese atrevido a decir que era un travesti. Pero que no quepa duda alguna, que aquella persona no era para nada tal etiquetación.

Lo más apropiado que se le ocurrió a mi mente fue, lanzar unas palabras para romper aquel silencio deprimente, en los bosques cubiertos por telones de oscuridad infinitesimal.

-Hola-le dije, con un tono de voz lo bastante dulce como para tratar a un niño.
Pero este niño, no tenía ninguna intención de contestar.
-¿Te has perdido?-le pregunté.

Seguía sin contestar. Y lo extraño de la situación era, que aquel niño no demostraba signo alguno de pavor y tampoco demostraba prestar mucha atención a lo que yo decía.

-¿Me vas a contestar?

Cuando le dije esto tomó unas fuerzas descomunales y se acercó hacia mí. Una vez que estaba a tan sólo un cuerpo de mi persona. Sucedió lo más macabro que había presenciado en toda mi hermosa vida.

La cabeza de aquel ser que demostraba una ternura indiscutible o simplemente un mal augurio, estalló tiñendo todo mi torso y rostro, con una mezcla de sesos, sangre y mucosidad. Pero cuando ésta estalló inmediatamente fue reemplazada por otra cabeza más avejentada y simiesca emergiendo de sus entrañas y arrojando sangre hacía los aires, algo que hurtó mi alma de un solo tirón.

Al presenciar esto decidí, movilizar mis piernas antideportivas para correr como nunca; lo más apropiado a la situación. Yo, no era del tipo de persona que aspiraba a ser el héroe de los dioses de Valhala. Y exagerando aquella situación, puedo tener el atrevimiento de decir que dejé atrás a mi propia alma, tras haber iniciado aquella carrera para librarme de tal atrocidad.

Pero cuando tan sólo emprendí unos siete pasos, unos tentáculos viscosos color negro me atraparon del torso y me arrastraron hasta las entrañas del bosque oscuro, lúgubre y tenebroso. En aquel ínterin perdí todo tipo de noción de la situación. Y cuando desperté, estaba invadido por rostros de unas criaturas a las que jamás hubiese querido ver.

Al parecer eran seres con cuerpos de niños, ataviados con vestidos como los de las muñecas de porcelana y con unos rostros ancianos, tan arrugados como las pasas de uva. Pero no era eso lo que inquietaba mi quietud, sino que estas criaturas repulsivas abrían sus enormes bocas inmundas, repletas de colmillos haciendo notar la escases de dientes comunes como los que Dios nos había concedido. Bocas que por cierto, se alejaban mucho de las bocas humanas tomando formas realmente aterradoras. Estas bocas estaban divididas en cuatro pedazos formando una “x” y se retraían una y otra vez, chorreando un líquido transparente con olor acre.

En aquel momento pasaban muchas sensaciones por mi ser, pero la que más hacía notar su presencia era la del miedo. En un intento desesperado por librarme de aquellos demonios de los caudales nocturnos, lancé golpes con mis puños hacia todas las direcciones posibles y a la vez pataleaba sin control alguno. Mientras que los diablillos intentaban morderme, algo que les había costado mucho, ya que les estaba dando una feroz batalla. Pero uno de ellos, hizo salir una cuchilla oculta en su muñeca derecha, que desgarraba su propia carne para liberarse y me cortó en la sección torácica. Jamás en mi vida había sentido tal dolor, un dolor que parecía que quemaba mi propia alma.

Ya sin fuerza, tras pelear como todo un gladiador hasta la muerte, sólo me rendí y dejé que aquellos bichejos hicieran su trabajo de verdugo.

Pero cuando el engendro con la cuchilla saltó hacia mi rostro de imprevisto, todo se tornó brumoso congestionándose mi zona ocular. Y en cuestión de segundos desperté al lado del arbusto donde había encontrado al primer demonio de las sombras danzantes. Esta vez había rostros que me asechaban pero no sofocaban mi respirar, ya que eran los de mis amados seres. Mi familia estaba preocupada por no tener conocimiento de qué es lo que me había ocurrido. Y mi fiel esposa, me preguntó algo que ya era presagiado.

-¿Qué fue lo que sucedió? ¿Por qué estás tirado? ¡Te lo dije, este bosque es peligroso!
-Nn-nn-ada, nn-oo lo sss-é-le contesté, poniéndome en la piel de un tartamudo por el shock de sensaciones repulsivas.
-Muy bien… te cargaré con la ayuda de los niños y te llevaremos al automóvil-me dijo, tan divina como siempre.

Después de todo lo vivido, dormí como un cerdo en el trayecto hacia la ciudad. Pero cuando desperté, lo más insólito ocurrió, ya que le pregunté a mi concubina algo de lo que estaba muy seguro.

-¿Ya llegamos? ¿No?
-Denis, recién vamos por mitad de camino. Ahora nos adentraremos por la carretera que nos dará el radiante paisaje natural, de los bosques de pinos que demuestran su esplendor a leguas-Me contestó, en un tono irónico. Mientras mis dos pequeños, se liaban a empujones en los asientos traseros por un juguete.
-¿Qué?-exclamé-¿Pero por qué estás manejando tú?
-¿No lo recuerdas? Me dijisteis que tenías un sueño arrasador y, me pedisteis que yo manejara hasta nuestro paradero final.

Sin dudas, todo lo vivido había sido un sueño, gracias al glorioso creador de los cielos, todo había sido una maldita pesadilla. Además mientras viajábamos era de día. Un radiante día con el sol resplandeciente y los cielos divinos, que demostraban la viveza del mundo colosal.

El calor era abrumador y, decidí abrir la ventanilla para sentir la suave briza de la carretera. Pero aún seguía con calor y decidí quitarme la camisa. Y cuando lo hice, sin ningún tipo de aviso mi mujer, dio un grito de asombro.

-¡Ah!
-¿Qué?-le pregunté atónito.
-¡Mira tu pecho Denis!-me dijo, con un pavor eterno.

Y cuando miré mi pecho inundado en vello, pude ver aquella cicatriz en la sección torácica.

Todo lo que había ocurrido en aquella noche, de la cual eran dueños aquellos engendros con rostros ancianos y cuerpos de niños, no había sido ningún tipo de engaño, ilusión o pesadilla. Todo había sido tan real que aún, conservaba aquel corte del cual nunca más olvidaré en toda mi vida.