jueves, 30 de junio de 2011

El hombre del maletín

UNA NIÑA QUE SE DIVERTÍA ATEMORIZANDO A SUS AMIGAS CON BROMAS ES ADVERTIDA DE UNA EXTRAÑA VISITA QUE VA A RECIBIR

Cuando Lorena tenía 13 años solía reunirse con sus amigas del colegio y les contaba historias de terror.

Le encantaban la historias de miedo y estaba bien informada, de modo que se reunían en un banco de un parque cercano al colegio y todas escuchaban atentas los relatos de Lorena.

Conforme oscurecía las chicas se marchaban avisando a Lorena de que si luego no podían dormir "se iba a enterar de lo que era bueno".

Pero siempre era en tono de broma.

Una tarde le relató esas historias a una amiga de clase.

Estaban en la habitación de Lucía, cuya casa estaba a unos siete kilómetros de la casa de Lorena (luego se tendría que ir andando y sola).

Cuando Lucía tenía suficiente miedo le dijo: "ahora te voy a contar yo lo que te va a pasar y verás quién pasa miedo". Y le dijo: "cuando vayas a casa un señor con un maletín, vestido de negro y con bigote te seguirá para matarte."

El trayecto hacia casa lo hizo con una psicosis total: toda la gente parecía querer traspasarle con la mirada, pero ella sabía que era pura sugestión, de modo que el miedo que pasó fue relativo.

Lo que realmente podía asustarle era el hombre del maletín, vestido de negro y con bigote, y de esos no hubo ninguno en todo el camino.

Llegó a casa y comprobó horrorizada que no funcionaba el ascensor.

Aunque aún le faltaba un año para tener permiso de uso del ascensor lo cierto es que vivía en un octavo piso y siempre que podía, cogía el ascensor.

Tuvo que subir los ocho pisos a pie, y su desconsuelo fue mayor cuando su madre le dijo que bajara la basura:

- ¡Pero si no va el ascensor!. -Se quejó inútilmente.

Y entonces cogió la bolsa de basura y comenzó a bajar despreocupada... pero a mitad de camino las piernas se le aflojaron y casi perdió el equilibrio. Frente a la puerta de una casa, mirándole ahora a ELLA, había un señor trajeado de negro, con bigote y un maletín.

Con los nervios a flor de piel, casi a punto de gritar y las piernas temblando, corrió escaleras abajo a punto de perder la bolsa de basura.

Y llegó abajo con el corazón desbocado y falta de aire. Salió rápidamente del edificio y tiró la basura, y no subió inmediatamente a casa... sino que se dirigió a la tienda que tenía su padre en la misma finca y esperó a que él terminara el trabajo para subir acompañada.

¡Qué aterradoras pueden ser las casualidades! ¿O fue una visión de Lucía? ¡Quién sabe..!

viernes, 17 de junio de 2011

Betty y Barney Hill

El primer caso reconocido de abducción se remonta al 20 de septiembre de 1961. Betty y Barney Hill viajaban en coche por New Hampshire, hacia la medianoche cuando vieron un "objeto en forma de empanadilla con dos hileras de ventanas" que parecía seguirles. Barney abandonó la carretera y se deslizó hasta situarse a unos 25 m de "una enorme nave en forma de anillo con una especie de aletas y luces rojas que producían un extraño zumbido ".

Aterrorizados, los Hill aceleraron para huir, pero el coche empezó a vibrar. Luego, oyeron un extraño sonido y se vieron envueltos por una neblina. Más tarde, cuando llegaron a su casa, se dieron cuenta de que sus relojes habían estado parados durante dos horas, pero no fueron capaces de recordar lo ocurrido durante ese tiempo. Posteriormente, ambos tuvieron pesadillas y aceptaron someterse a una terapia conocida como regresión hipnótica para descubrir lo que les había ocurrido.

La regresión hipnótica permite aflorar el subconsciente y los recuerdos ocultos. Los Hill declararon bajo hipnosis haber sido transportados a bordo del ovni por "alienígenas de un metro y medio de estatura, de piel grisácea, cabezas sin pelo y en forma de pera y oblicuos ojos de gato".

Betty hizo un vívido retrato de lo que había ocurrido durante esas dos horas. Recordó haber sido sometida a un examen médico. Contó que le extrajeron muestras de la epidermis y le introdujeron una larga aguja por el ombligo como parte de lo que ella llamó una "prueba de embarazo". También le enseñaron un mapa de Zeta Reticuli. Betty Hill cree que los alienígenas le mostraban el lugar de donde procedían.

jueves, 9 de junio de 2011

En la casa Vieja

Hola me llamo Flavio y tengo 32 años de edad, soy de Guadalajara JAL. México. Pues, soy un fanático de tu pagina ya que das oportunidad de expresar algunas historias, que por algún motivo nos han sucedido, pero que existe esa necesidad de platicarlas, soy fanático de historias de terror y esto no es casualidad pues e tenido experiencias paranormales, desde muy pequeño.

Todo comenzó cuando yo tenía 4 años y nos habíamos cambiado a una casa muy vieja en Zapopan JAL. Ya de por sí una colonia vieja.
Bueno esa casa tenía su historia, según cuentan los vecinos del lugar, que en esa casa vivía Una viejecilla sola y enferma, eso sí! Con muchos perros, el cual los llamaba como si fueran sus hijos, esta viejecilla era cuidada por una vecina de la casa del frente, el cual le daba sus medicinas todos los días por las tardes y algo de comer pues esta vecina llamada Lupe o Guadalupe, no recuerdo.. Ahora vecina de nosotros amiga de mi mama, platicó que una noche se percato de que en la casa de la viejecilla, sus perros ladraban y maullaban, Lupe fue enseguida para ver que estaba sucediendo al llegar se dio cuenta de que la viejecilla había muerto.
Fue encontrada tirada en el piso de su habitación, con todas sus medicinas tiradas le había dado un infarto. Después la casa fue vendida y rentada a nosotros, por quienes la verdad desconozco, ni, mi mama se acuerda. Bueno, aquí es donde entro yo.
Tuve varios sucesos relacionados con la viejecilla, este es uno de ellos de hecho el primero. Pero antes quisiera darles una descripción de la casa ya que son casas muy grandes, sobre todo porque tienen mucha profundidad.
Entras, puerta principal empieza el patio, a un costado están las recamaras y la sala de TV, ese patio te conduce a otro patio más grande en donde se encuentra un baño y la cocina, una cocina muy grande, la cual te llevaba a un pequeño patio cruzas y sales a un corral y al fondo otro baño, que es el que funcionaba.
Con enjarres de tierra y piso de mosaicos. Bueno ahora sí. Una tarde yo paseaba por el patio grande cerca de la casa, era una tarde nublada, como si quisiera llover, solo estábamos en casa, dos hermanas mayores que yo y el más pequeño y yo. Mi madre estaba trabajando, mi padre no vivía con nosotros, el más pequeño dormía en el cuarto mi hermana la mayor estaba con los quehaceres de la casa, mi otra hermana no recuerdo y pues yo estaba jugando por toda la casa.
Del patio me fui a la cocina y después al patio pequeño, que conduce al corral, lo ultimo de la casa.
Regularmente esa puerta que conduce la patio pequeño siempre esta cerrada, pero estaba abierta y me metí, como cualquier niño travieso y curioso. la verdad eran rincones de la casa que jamás había entrado, todo era extraño y feo para mí, con un hedor horrible por todo el lugar, no quise entrar mas adentro porque sentí mucho miedo había un árbol que se empezó amover con el viento y tuve un impulso de volver adentro, pero una ráfaga de viento cerro la puerta azotándola con un tundente y aterrador ruido chillante, y no podía entrar porque la puerta se abre por dentro, no sé que paso un sonido atrajo mi atención, un sonido que provenía de los muros y el árbol, yo le gritaba a mis hermanas pero estas no me escuchaban, cuando de pronto escuche que alguien me estaba llamando con sonidos y del árbol se empezó haberse una especie de mancha negra flotando en el aire, esta sé hacia más grande y más grande, empezó hadar forma de una persona, para ser preciso de una mujer ya grande muy pálida de su rostro, ya no quise mirar mas, solo golpeaba la puerta desesperación, mi llanto era inconsolable, como sentía mi piel que se estiraba al sentir que esa cosa se me acercaba, cuando de pronto, la puerta se abrió.
Era mi hermana y la abrase como loco ella desconcertada me abrasó y pregunto que pasaba, no le conteste por mi llanto desconsolable y nunca les conté hasta después de grande, a pesar de lo que paso, no fue algo traumante para mí, pues seguí jugando por toda la casa claro menos allí, pues me cerraron la puerta. No dejo de pensar en lo que paso aquella tarde, ni que sería la única vez, pues sentía que sería el comienzo de algo espantoso. Y así fue.