jueves, 28 de abril de 2011

Las risas de la bruja

En el complejo de verano de la playa del Saler en el que hablo en el relato de "Los pasos", ocurrió algo más. La familia de Lorena se hizo amiga de otra familia numerosa, concretamente de dos hermanos: Belén y Miki.
Belén era de la edad de la hermana mayor, y Miki salía aquel verano con Lorena.
Aquel verano era el verano en que la prima Merche y el amigo de la familia estaban pasando un mes, y en esta ocasión no había padres que vigilaran los actos de sus hijos.
Allí estaban Lorena y su hermana mayor (llamémosla Nieves), la prima Merche y el amigo de la familia (llamémosle Jorge), y los hermanos Belén y Miki (nombres también inventados).
Decidieron jugar a la ouija y como no tenían tablero, Lorena se ofreció a hacer las letras recortando trozos de las tapas de sus libretas y escribiendo las letras con un rotulador gordo.

Se pusieron alrededor de la mesa redonda rociando ésta con unas gotas de aceite para que el vaso se deslizara sin que apenas los dedos llegaran a tocarlo. Todo estaba previsto para poner las cosas fáciles al espíritu que viniera.
Comenzaron riéndose y bromeando. Entonces Nieves se puso seria y dijo que ya estaba bien.
- Concentrémonos de verdad.
Todos le hicieron caso. Ya nadie se rió con aquello de "espíritu, si estás ahí, danos una muestra".

A los pocos minutos Miki comenzó a golpear rítmicamente el vaso con su dedo. Estaba totalmente absorto con su mirada fija -aunque parecía perdida- sobre el vaso, y golpeteaba una y otra vez. Levantaba el dedo, lo dejaba caer sobre el vaso, y así repetidas veces.
Lorena tenía a Miki al lado y le pasó la mano por los ojos. Miki respondió bajando los párpados para no abrirlos durante un buen rato. Pero lo que ocurrió fue más que espeluznante.
En el mismo momento en que cerró los ojos, su dedó tocó por última vez el vaso, y acto seguido se desmayó sobre la mesa.
Como pudieron trasladaron su pesado cuerpo al sofá y lo dejaron allí preguntándose qué le ocurría. Entonces se dieron cuenta de dos detalles: Por un lado, de sus ojos cerrados se deslizaban lágrimas, y por otro, de su boca entreabierta se empezaba a escuchar una risa... una malvada risa femenina que parecía propia de una bruja.
Se asustaron sobremanera y Nieves le pidió ayuda a Merche:
- Tú tienes poderes Merche, haz que despierte, haz algo por favor.

Merche respiró hondo y salió al balcón para concentrarse en soledad. Era verdad, tenía ciertos poderes, no en vano decían que su propia madre era una bruja.
Mientras tanto Belén miraba nerviosa a su hermano, Jorge y Nieves se miraban y se preguntaban qué era esa risa que salía de su boca, y Lorena, desde los pies de Miki, miraba hacia el balcón rezando para que Merche pudiera sacarlo del trance.
Merche entró y se dirigió hacia Miki que seguía tendido en el sofá. Le cogió la mano, y con voz grave le dijo:
- Miki, despiértate.
Fue una orden. Y en un minuto los ojos de Miki estuvieron luchando por abrirse. Cuando al final lo hizo se sentía mareado y extraño.
Antes de contarle lo sucedido, Lorena le preguntó qué había sentido:
- Tenía frío y calor, todo se puso negro, y no recuerdo nada más.


Mientras trataban de tranquilizar a Miki, Lorena se dedicó a desmantelar la mesa. Todas las letras se iban a ir a la basura, pero algo llamó su atención. Una letra había salído perjudicada con el aceite, estaba manchada. Lorena la levantó, era la letra "L". Con estupor comprobó que el aceite había formado lo que desde nuestra infancia consideramos un fantasma, ese que hasta te puedes comer en helado o que aparecen en los dibujos infantiles. El fantasma tenía una especie de boca hacia abajo. Al darle la vuelta a la letra comprobó algo más: por detrás, la boca sonreía. Miki había llorado y había reído... aunque no lo recordara. Las letras mostraban ambos estados de ánimo.
Curiosamente Lorena no se percató de la relación entre estos dos detalles hasta que alguien, una amiga, lo relacionó y se lo dijo. Lorena cayó en la cuenta y desde entonces la historia le da más terror.

Pero hay una cosa más en esta historia: dicen que al terminar una sesión hay que romper el vaso para que el espíritu se marche de la habitación donde se ha hecho la ouija. Ellos tiraron el vaso desde un tercer piso... y no se rompió

domingo, 17 de abril de 2011

Una buena historia de terror

Bueno, ustedes se preguntarán si existen los malos espíritus??? Y yo les respondo que sí, se pueden ver? E igualmente les digo que sí. Bueno, esta es mi historia: Desde cuando estaba peque como unos 6 o 7 años, yo vivia en una casa que me gustaba mucho, pero todo eso cambió de opinión cuando un día en la noche tratándome de dormir, en mi puerta del cuarto vi a 2 sombras que me estaban vigilando: un hombre grande y uno pequeño. Asustado, me volví a dormir, les conté esas cosas a mis padres y me dijeron que ellos me estaban observando con miedo. No sabía qué hacer, así que mandaron a echar agua vendita a la casa. Al fin me fui de esa casa, pero los que estan viviendo allí, que son mis tíos, la estarán pasando mal porque allí todavía hay espíritus. Lo bueno es que ya no veo malos espíritus. Sólo una vez que murió mi abuela, se abrió mi cuarto con miedo mejor me fui a dormir con mis padres, pero me dijeron que era ella despidiéndose de mí. Pero eso todavía no queda aquí, también mi hermana tuvo una muñeca que ashh a mí no me gustaba, pero una pastora fue a orar allí y nos dijo que esa muñeca miraba los pasos que nosotros dábamos, ay qué miedo!!! Al fin la regalamos. Otro suceso que me está pasando a los 12 años es que tengo ahorita es que oigo voces, me da miedo. Ay, no les conté que tenemos otra muñeca y no la regalan!!

viernes, 8 de abril de 2011

La niña del río

Nuevamente saludándo a todos los visitantes y colaboradores de esta excelente página. En esta oportunidad, envío una experiencia que tuvo mi abuelo cuando trabajaba en las minas de Michoacán, México, hace aproximadamente más de 50 años.
Mi abuelo, para trasladarse a la mina tenía que levantarse a las 3 de la madrugada para iniciar su camino a pie por el monte, así mismo pasaba por la orilla de un rio, y en una ocasión, vio una pequeña niña vestida a la moda antigua (en esa época habrá sido de mediados de 1800) que le hacía señas, y cuando se acercaba la niña desaparecía. Así transcurrieron varios días en que al pasar por la orilla del río mi abuelo veía aquella aparición, y al comentarle a sus compañeros de trabajo (mineros rudos de provincia, no se mofaban, como pudieran pensar ustedes, sino al contrario, se santiguaban con temor y le decía a mi abuelo -”Háblale al ánima Flaviano, a lo mejor te lleva al enterradito”-. (Enterradito llamaban ellos a un “tesoro” enterrado que posiblemente estuviera custodiando el ánima o aparición y por lo mismo no podía descansar).

Un día de descanso -raro en aquellos tiempos- mi abuelo se levantó pensando que se le había hecho tarde. Recriminó y reprendió a mi abuela (que apenas contaba con 14 años de edad, cosas de la época), salió corriendo por la vereda hacia la mina; ya estaba clareando y se extrañó de no encontrar a ninguno de los trabajadores por el camino, hasta que llegó a la orilla de aquel rio y se acordó que no había trabajo.

Aquel día, dispuesto y más molesto aún, dio media vuelta para regresar a casa cuando de pronto vio a esa niñita de no más de 5 años con un vestido inmaculadamente blanco y sus botitas blancas también sin una mancha de tierra o lodo. Mi abuelo se acercó y le preguntó:
- ¿Qué haces aquí solita, criatura del señor, estás perdida?.
La niña le contestó:
- Sí, hazme un favor, llévame al otro lado del rio, de aquel lado está mi casa y si me atraviesas te daré todo lo que quieras. Mis papás tienen mucho dinero.

Mi abuelo, con desconfianza y trabajando su mente a mil por hora, pensó ¿cómo es posible que una niña de esa edad esté por aquí, a estas horas y en época de lluvias sin una sola mancha ni siquiera en los zapatos?.
La niña le volvió a decir:
- Ándale señor, cárgame y llévame al otro lado del río, esta es la parte menos onda y no me quiero ensuciar, te daré todo lo que quieras.

Ante la insistencia de aquella niña mi abuelo accedió a llevarla pero sólo hasta la mitad del rio. Cuando se acomodó a la niña en la espalda ella le inquirió:
- Solamente no vayas a voltear oigas lo que oigas, del otro lado estará una gran vasija de monedas, pero no vayas a voltear.

Cuando le dijo esto ya iba por la tercera parte del río, cuando empezó a sentir que el peso que traía a sus espaldas empezaba a ser cada vez mayor, y cuando quería voltear a ver qué pasaba, la voz de la niña le decía:
- No voltees por favor, apúrate, ya falta poco…

Cuando le faltaban unos cuantos metros para llegar a la orilla, la curiosidad fue más fuerte que aquel hombre, y al voltear cuál fue su sorpresa, que en vez de encontrar a la niña en sus espaldas encontró a una víbora (así la llamó él) enorme y gruesa con unos grandes colmillos y baba espesa que escurría por sus fauces. Al ver aquello mi abuelo gritó espantado “Ave María Purísima” al tiempo que aventaba aquella cosa al río.

En eso aquel ser le dijo:
- Te dije que no voltearas, ya te faltaba poquito. Señor, ¡¡¡ándale, llévame!!!.

Mi abuelo no hizo caso y se empezó a alejar sin dar la espalda a aquel ser cuando éste se sumergió, y al sumergirse vio cómo al otro lado del rio empezaba a “arder” (expresión que aplican cuando hay una luz irradiando cierta parte del campo, la cual dicen, es ahí donde está el “enterradito”).

Bien, mi abuelo corrió a su casa y no contó lo sucedido hasta varios días después, con sus amigos del trabajo, los cuales le recriminaron que por qué no había escarbado adonde vió “arder”. Mi abuelo objetó que eso no era para él, que era cosa del demonio… Así pasaron varios días hasta que dos de sus amigos desaparecieron. Uno nunca lo encontraron y al otro lo hallaron vagando por el rumbo de la orilla del río repitiendo lo siguiente: “Yo te llevo al otro lado del río, yo te llevo al otro lado del río…”

Y antes de morir, ese amigo, en un destello de lucidez, les comentó cómo fueron la otra persona y él al lugar donde les dijo mi abuelo que había visto “arder” y en donde aventó a aquel monstruoso ser, y que lo único que recuerdan es a la niña pidiéndoles le ayudaran a atravesar el rio.

Así que ya lo saben, sin en algún lugar del campo les ocurre o ven gente extraña, sigan su camino, no por ambiciosos vayan a vender su alma al diablo.