jueves, 30 de diciembre de 2010

María y su abuela

Hace mucho tiempo la madre de María le dijo que vaya a la bodega a comprar carne para la cena. En el camino María decidió entrar a una tienda de dulces y se gasto toda la plata de su mamá en los dulces.
Ya no había dinero para la carne que la mamá le había encargado entonces fue al cementerio donde estaba su abuela, la abrió y le saco el hígado para dárselo a su mamá. Cuando ya era hora de la cena la mamá de María le pregunto si quería cenar pero como María sabia que era el hígado de su abuela no lo comió, y como el papá no estaba en la casa la mamá tuvo que cenar sola.
Más tarde ese día la mamá y el papá de María fueron al cine, en el camino la mamá de Mará se desmayo y pronto murió, el papá estaba asustado así que la tiro y la boto en un basurero. María estaba sola y en eso sonó el teléfono cuando contesto escucho una voz conocida que le decía:
María estoy a 3 cuadras de tu casa, soy tu abuela.
María colgó y después de 5 minutos volvieron a llamar:
María estoy a 2 cuadras de tu casa, soy tu abuela. María volvió a colgar, después de 5 minutos volvieron a llamar:
María estoy a 1 cuadra de tu casa, soy tu abuela, María volvió a colgar.
María estoy dentro de tu casa y te estoy observando.
Cuando el papá de María llego a su casa encontró a María tirada en el piso con el cuerpo ensangrentado y con los órganos en el lavadero.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Charlotte Bryant

Fred Bryant de 26 años de edad, Parecía un buen partido para la joven Charlotte de 19 años. Después de todo, Fred era un oficial de la policía militar en el regimiento de Dorset y con una vida por delante. Charlotte era una muchacha agradable de cabello negro y una mirada realmente seductora que enamoraba a los soldados británicos quienes la apodaron "Darkie". Fred hizo sus servicios durante la 1ª Guerra Mundial y cuando finalizó su deber, locamente enamorado de los encantos de Charlotte, volvió a su casa de Somerset (Inglaterra) con ella. Poco después se casaron. Fred consiguió un trabajo como granjero y se instaló en una granja de vacas en Over Compton, a unos 4 km. de Yeovil. Con el trabajo le dieron un pequeño chalet. Las cosas no funcionaron, Charlotte estaba totalmente desilusionada con ser la esposa de un granjero de bajo salario. Ella deseaba tener la acción que había sido tan prominente en Londonderry, con cientos de soldados, como en la película de "soldado y caballero". Charlotte caía en brazos de los muchachos locales cuando se le presentaba la oportunidad. De vez en cuando, su vida terrenal sexual se interrumpía para dar a luz a un bebé. Durante su turbulento matrimonio, Charlotte y Fred tuvieron cinco hijos de los que era discutible la identidad de la paternidad. Charlotte aceptaba dinero de los agradecidos muchachos quienes apreciaban sus muchos encantos. No vayamos a endulzar la realidad. Charlotte se convirtió en una prostituta a tiempo parcial. También se aficionó al diabólico ron con pasión. La irlandesa de pómulos rosados se deterioró. Para empeorar las cosas, Fred, como Rhett Butler antes que él, simplemente no le importaba un rábano. Así era como Fred lo veía, "No me importa lo que ella haga. Cuatro libras por semana son mejores que 30 garbanzos." En diciembre de 1933, Charlotte conoció a un gitano llamado Leonard Parsons. Tenía una buena apariencia de tipo duro y otros atributos que eran menos obvios para los observadores normales. El encuentro casual cambiaría la vida de Charlotte. A Charlotte no le importaba nada que Leonard estuviera casado con una mujer llamada Priscilla Loveridge, ni que había cuatro pequeños en casa. Ella invitó a Leonard para la cena de Navidad. Durante la cena, Leonard que era vendedor, se quejó de que estaba separándose de su mujer y necesitaba un lugar adecuado donde vivir, el tonto de Fred inmediatamente le invitó a trasladarse a su casa. La oferta fue aceptada agradecidamente. Inicialmente, Fred y Len se llevaban fabulosamente, y ¿por qué no? Por casi nada, le dieron a Leonard casa y comida. Por nada, en absoluto, también le dio a Charlotte. En 1934, Fred perdió su trabajo y el chalet, pero consiguió un empleo en la granja de Coombe, un pueblo a las afuera de Sherbourne. El amante de su esposa también se trasladó con la familia. Pero ya bastaba. El lugar estaba llenísimo. Después de varios meses Fred insistió en que Leonard tenía que marcharse, lo que precipitó una verdadera discusión y Leonard se marchó. Entonces Charlotte recogió sus cosas y se marchó con dos de los niños. Tres días más tarde, regresó a los brazos comprensivos de Fred. La paz no duró mucho, Leonard le envió a Charlotte un telegrama pidiéndole una reunión. Charlotte le enseñó el telegrama a Fred y los dos decidieron encontrarse con Leonar en el pueblo de Babylon Hill. Una turbulenta pelea casi terminó en tragedia, pero este desarrollo violento se evitó cuando los tres elementos del triángulo amoroso estuvieron de acuerdo en regresar al chalet de Fred para vivir juntos. Allí, Charlotte compartió su cama con Leonard mientras su marido se quedaba en el sofá. Para complicar más la situación, Charlotte se quedó embarazada. A los 39 años Fred enfermó tras comerse el bocadillo que Charlotte le preparó. Con fuertes dolores estomacales y ayudado de un vecino que le indujo a vomitar, mejoró. El médico le diagnosticó gastroenteritis. Tres meses más tarde tuvo otro ataque similar y una vez más, Fred mejoró rápidamente y volvió a sus obligaciones en la granja. En noviembre de 1935, Len Parsons abandonó el chalet de Bryan para siempre. El 11 de diciembre, Fred cayó enfermo. Charlotte preguntó por su seguro, pero le informaron que su esposo estaba demasiado enfermo como para ser cubierto. Charlotte, ahora atrapada con un esposo enfermo y abandonada por su amante, encontró un nueva amiga, una viuda cuarentona, Lucy Malvina Ostler. Lucy se fue a vivir al chalet para acompañar a Charlotte y ayudarla. Justo antes de las navidades, Fred empeoró peligrosamente. Vomitó hasta que finalmente, a las 9:00 a.m., fue trasladado al Hospital Yeatman en Sherbourne. Fred falleció esa misma tarde. Una autopsia indicó que su muerte fue debida a envenenamiento con arsénico, se encontraron 4,09 gramos en su cuerpo así como en sus uñas, el veneno se le había administrado durante un largo periodo de tiempo, habia sido un asesinato totalmente premeditado y con gran sangre fria.

martes, 14 de diciembre de 2010

El crimen extraño

Hasta no hace mucho tiempo, justo antes de construir la Avenida de la Real Fábrica de Sedas o Ronda Sur de Talavera, existían las ruinas de un viejo caserón en la zona de Entretorres. Este caserón fue utilizado durante la posguerra y hasta bien entrados los años cincuenta como prostíbulo. La casa era regida por un hombre llamado Carlos el cual iba siempre vestido de blanco. Llevaba un sombrero de ala ancha y corbatas de lo más extravagantes.

A pesar de que todo el mundo conocía la dedicación de ese lugar, Carlos era un hombre bien acogido por la sociedad, y sus negocios si bien no estaban bien vistos, se toleraban por parte de las autoridades. Al parecer una noche de 1951, una de las prostitutas que ejercían su labor en la casa apareció muerta en su cama con una puñalada en el vientre. La policía y la Guardia Civil, después de realizar sus investigaciones concluyeron en que se trataba de un hecho muy extraño. Nadie oyó los gritos de la mujer mientras era asesinada. En sus manos había heridas producidas por la hoja de un cuchillo y todo aparentaba como si hubiera sido ella misma la que se lo hubiera clavado. Los análisis forenses determinaron un suicidio y algo más: la prostituta estaba embarazada. Dos años después todo parecía haberse olvidado, aunque la habitación donde murió la joven no volvió a ser utilizada.

Carlos, el amo del local, mandó cerrar con llave la habitación y nadie entró allí durante varios meses. En verano de 1953, una mujer de unos 30 años llegó al prostíbulo. Como aquella noche de mercado, todo estaba lleno, Carlos no tuvo más remedio que alojarla en la habitación de la pobre prostituta muerta dos años antes. Cuando abrieron la puerta la sorpresa y el pánico aterrorizaron a ambas personas. En las paredes alguien había dibujado caras con terribles lamentos, también había cruces y animales como lechuzas, gatos y ratones. Carlos alojó a la nueva mujer junto con una compañera y a la mañana siguiente mandó pintar el cuarto. Sin embargo y a pesar de su esfuerzo, las caras de lamento volvían a aparecer una y otra vez en la pared. Carlos empapeló el cuarto, pero una súbita humedad hacía que los lienzos se cayeran y brotaran de nuevo las terribles imágenes.

La voz se empezó a correr por la ciudad y un mal día Carlos tuvo que cerrar su negocio y se marchó de Talavera. Desde entonces la casa permaneció en ruinas hasta aproximadamente 1994 en la que fue derrumbada para hacer una avenida. Existe una película en super 8 en la que se reflejan las horribles caras de pena que se suponen son de aquella mujer que se clavó un puñal desesperada por algo que nunca sabremos realmente...

martes, 7 de diciembre de 2010

La mano invisible

Alguna vez, en la familia de Lorena ya había ocurrido que a sus hermanas les habían acariciado el pelo, la espalda o incluso empujado... La noche en que le ocurrió a Lorena este breve episodio dormía sola. Compartía habitación con su hermana pequeña, pero ella no estaba.
Se abrazó a la almohada, dejándose llevar por el sueño estirada y con el rostro hacia el techo. La almohada estaba agarrada por su brazo izquierdo, y allí permació todo el tiempo.
Cuando ya estaba empezando a dormirse ocurrió:
Un golpe seco debajo de su ombligo y encima de su pubis la despertó de golpe. Casi se levantó pero no lo hizo, tan solo permaneció quieta mirando a su alrededor y analizándolo todo: la almohada no había sido,seguía abrazada a su izquierda... estaba sola, nadie había tenido tiempo de entrar, pegarle y luego salir...
Pensó y recordó otro episodio, cuando un fin de semana se había marchado con unos amigos a celebrar un weekend en una casa de Icona en mitad de una montaña de Ayora. Todos iban a ponerse hasta arriba de tripis, pero ella no lo hizo. Tenía el suyo, pero no lo tomó, simplemente lo guardó.
La casa tenía apenas dos habitaciones: donde se dormía -un amplio cuarto donde había tirado en el suelo un colchón de matrimonio y una litera de madera-, y el salón, donde se pensaban correr la juerga.
Menos una pareja que se marchó a la habitación, el resto permaneció en el salón tomando tripis, fumando porros y bebiendo alcohol. La fiesta no acabaría hasta el día siguiente. Lorena, por algún extraño motivo,no hizo nada de eso, y decidió irse a dormir.
No era cómodo tumbarse allí con aquella pareja que -si bien no estaban haciendo nada-sí buscarían algo de intimidad, pero por algún motivo que ni ella sabía, Lorena decidió tumbarse en una esquina de la litera, con el cuerpo pegado a la madera, los brazos flexionados en dirección hacia su cabeza, sin apenas un sólo hueco por el que alguien pudiera hacer lo que hizo: tocarle el pecho.
No recordaba si era el izquierdo o el derecho cuando me lo contó, pero sí recordaba la sensación de pánico que sintió. Algo había tocado su pecho como si lo amasara, y no había espacio entre sus brazos para conseguir tal hazaña.
También en aquella ocasión, tras sentir un escalofrío en la espalda y notar cómo abría desmesuradamente los ojos por el miedo, analizó la situación. La pareja seguía tumbada en su rincón, y no había nadie más.
Su determinación fue más que sorprendente. Se dijo: si tengo que sufrir alucinaciones, al menos que sea con un tripi en el cuerpo. Curiosamente, el resto de la noche no le ocurrió nada más. Se comió su tripi, bebió alcohol y se rió con el resto de su grupo.