sábado, 31 de julio de 2010

La muerta en el colectivo

Hace tan sólo un par años, un viejo colectivero volvía la terminal de ómnibus luego de un largo y cansador día de trabajo. Llovía fuertemente y la visibilidad del camino era casi nula. Luego de unas horas de camino, llegó al primer semáforo(su trayecto era por un camino de tierra en zonas rurales y luego volvía a la ciudad). Como quería llegar rápido a su casa, no lo respetó y siguió de largo, sin saber lo que le pasaría...Mientras seguía, ocupado con sus pensamientos, no vió a la chica que pasaba por el camino. El colectivo pasó sobre ella como si de una piedrita se tratara. El hombre entró en deseperación. Al ser de noche, había pocos o ningún auto o personas, y al no divisar ninguna, el colectivero continuó como si nada hubiese sucedido. Mientras seguía su trayecto hacia la terminal, preocupado por si alguien lo había visto, escuchó un sufrido y continuo llanto."Que extraño-pensó-todas las personas bajaron antes". Pero cuando se dispuso a mirar por el espejo retrovisor quien era, la visión que tuvo lo aterró. La chica que había atropellado lloraba descosoladamente en el asiento trasero

domingo, 25 de julio de 2010

La casa de Amityville

Esta historia tiene como escenario una casa ubicada en el 112 de Ocean Avenue, en Amityville, Nueva York. La madrugada del 15 de noviembre de 1974, el hijo mayor de la familia DeFeo, de tan sólo 17 años, asesinó a sangre fría a sus padres y hermanos, con un rifle, dejando un total de seis personas muertas.
Los investigadores no tenían ningún indicio que les permitiese sospechar de alguien en concreto, hasta que uno de los detectives que recorría las habitaciones de la casa en busca de alguna pista encontró en la pieza del único superviviente dos cajas de cartón de balas para un rifle.
Las investigaciones comenzaron a arrojar resultados asombrosos, como un robo que el joven habría cometido contra su abuelo y sus extraños cambios de humor. Después de largos interrogatorios, la policía consiguió la confesión, y el joven fue condenado a 25 años de prisión.
Pero la verdadera historia de Amityville comienza días después, el 28 de diciembre de 1974, veintiocho días después de los asesinatos. Ese día, otra familia, compuesta por el matrimonio de George y Kathy Lutz, se mudó al lugar donde había ocurrido la masacre. La casa, espaciosa y de muy bonita arquitectura, estaba a la venta a un precio excepcionalmente barato, y los Lutz decidieron obviar los violentos hechos ocurridos con antelación y compraron el inmueble, aunque solamente pudieron ocuparlo 16 días debido a los extraños fenomenos que se sucedían...
Desde el primer momento en que ocuparon la casa, el matrimonio y sus hijas pequeñas sintieron una presencia sobrenatural, que se iba haciendo más fuerte cada día. Al principio, se escuchaban ruidos extraños a lo largo del día; luego, comenzaron a aparecer manchas en las paredes y malos olores sin motivo aparente, y las puertas y ventanas se abrían solas.
Kathy Lutz agregaría que en reiteradas ocasiones se sintió observada en ciertas partes de la casa, principalmente en las habitaciones, y que una vio unos ojos rojos que la miraban desde la oscuridad a través de la ventana. De repente, comenzó a tener pesadillas repetitivas con los crímenes sucedidos en la casa, pero soñando que las víctimas eran los componentes de su familia.
La supuesta entidad que habitaba la vivienda trató incluso de apoderarse de los cuerpos de sus residentes, manipulándolos a su propia voluntad y obligándolos a cometer actos de naturaleza violenta, algo en lo cual los Lutz nunca han querido ahondar.
A los pocos días de habitar el lugar, el matrimonio se convenció de que la casa estaba poseída por una presencia demoníaca y recurririó al sacerdote de la iglesia más cercana, quien contaría después que al tratar de bendecir la casa, escuchó una voz que lo echaba, una voz que surgió de la nada desde la planta más alta de la casa y que gritó: ¡¡¡ LARGATE DE AQUÍ !!!. Según los relatos de la época, cuando el sacerdota ingresó a la casa, el ambiente se llenó de un olor putrefacto y una nube de moscar invadió el lugar. El religioso debió luchar con una fuerza física que le impedía acercarse a la casa y finalmente fue violentamente expulsado.
La visita del sacerdote marcó el punto en que los sucesos paranormales se incrementaron, George empezó a sentir presencias extrañas también, e incluso sentía miedo a abrir los grifos pues suponía que una presencia maligna podía salir de ellos si abría la llave de paso. Las alucinaciones se hacían más comunes y la desconfianza en la familia se acrecentaba, George afirmaba que su mujer se estaba tranformando en una bruja pués, según él, se le estaban cayendo los dientes y el pelo. Tal punto que los Lutz debieron abandonar para siempre la casa, que desde entonces se encuentra deshabitada y sobre la cual pesa el estigma de la leyenda de Amityville.

lunes, 19 de julio de 2010

La niñita del parque

Todo comenzó en una noche de Sábado, estábamos en una fiesta, por el cumpleaños 15 de una amiga, ya cuando decidimos partir, un amigo se nos adelantó, tenía que pasar por un parque para poder pedir un taxi, durante el trayecto, escuchó la risita de una niña, extrañado, se preguntó “¿Qué hace una niña a estas horas de la noche, en especial en un parque?”.
Se puso a buscarla por todas partes y logró ver que estaba detrás de un árbol pues dejo ver parte de su vestidito blanco, el se acercó y cuando estuvo a punto de preguntarle por sus padres, ella lo miro con unos enormes ojos blancos y brillantes…cuando salimos, lo vimos tirado en el piso, creímos que fue por la borrachera, al otro día nos contó lo sucedido, fuimos al mismo parque, y le preguntamos a un celador, que cuida un conjunto que esta frente al parque, el dijo que, ya había visto esa niña varias veces, pero nunca trato de ayudarla, pues un vagabundo se le acercó para ayudarla y también se desmayo, apenas la vio.

viernes, 9 de julio de 2010

El caserón

La extraña historia que relato a continuación, sucedió en un pequeño pueblo de Guadalajara, España.
Estaba con mi compañero y mejor amigo patrullando los alrededores de un caserón, éramos Guardias civiles.

Nos encontrábamos en esa zona porque recibimos un aviso por radio desde la central, nos alertaba de unos bándalos que estaban provocando destrozos.
Mientras patrullábamos, observando atentamente y sin casi darnos cuenta nos oscureció. Todo estaba muy tranquilo, no parecía que nadie estuviese en los alrededores, cuando creía que nos iríamos a seguir nuestra rutina, mi compañero me sorprendió cuando bajó del coche y se fue solo hacia el interior del caserón abandonado.
Estuve esperándolo un buen rato y sin comunicación alguna, cuando la recuperé pude escuchar claramente, “Si entras morirás”.

Lo primero que pensé, es que era una broma de las de mi compañero, aún así me dirigí hacia la casa y justo antes de entrar por la puerta principal escuché los gritos de mi compañero por radio:

- ¡Son demasiados!, ¡Las balas no les afectan!
- ¡Pero, que ocurre!, ¿Quiénes son?, contesté.

De pronto se cortó la comunicación, corrí hacia el coche patrulla para pedir refuerzos, pero me dijeron que tardarían como mínimo unos quince minutos en llegar, las órdenes que recibí fueron precisas, que me esperase fuera, pero…¿Cómo que esperase fuera?, mi compañero estaba en peligro. Ni me lo pensé, cuando estaba cruzando la puerta, le comuniqué que iba dentro para buscarle, el me dijo que no entrase, que podían matarme. Pero…¿Matarme el que?¿Quién?.

Evidentemente no hice caso y entré sin pensarlo dos veces, pero ya dentro me quedé sorprendido, la casa estaba totalmente en ruinas y la puerta que dejé atrás se cerró de golpe, seguidamente escuché una voz que dijo:
- Has elegido el camino de la muerte, no saldrás de aquí, vivo.

A pesar del terrible miedo que sentí, seguí adelante en busca de mi compañero y amigo. Después de buscar por toda la casa, por fin pude verlo, me acerqué, se encontraba de cuclillas apoyado en un rincón, estaba malherido:

- Déjame aquí, hay más seres rondando la casa. Dijo mi compañero entre lamentos de dolor.
- ¿Otros seres, pero que?, no pude terminar la frase cuando algo con una fuerza descomunal me tiró al suelo. Saqué mi arma y vi unas extrañas sombras corriendo a mi alrededor, sin dudarlo ni un instante empecé a disparar, pero no les afectaba ninguno de mis disparos, les había dado, estoy seguro, pero las balas no parecían provocarles daños.
Empecé a sentir un escalofrío y antes de que el miedo no me dejara reaccionar, salí corriendo con mi compañero a hombros, cruzamos seis salas y llegamos a un gran comedor, encendimos las linternas y al ver una estatua de Cristo colgada del revés, nos dimos cuenta de todo lo que estaba ocurriendo, a su lado había una nota:

- Habéis entrado en territorio satánico, prepararos para sufrir, vais a morir.
No acabamos ni de leer la nota y empezamos a notar esas extrañas presencias alrededor nuestro, no sabría cuantas podían ser, pero se estaban acercando cada vez más. El miedo se nos apoderó, nos quedamos quietos apuntando con el foco de nuestra linterna cada vez que notábamos algo extraño. Cuando todo parecía perdido escuchamos las sirenas de los compañeros, reaccionamos corriendo con todas nuestras fuerzas y conseguimos salir, pero ahí fuera no había nadie, estábamos solos, de pronto una especie de figura fantasmal vino derecha hacia nosotros cogiendo a mi amigo y llevándoselo hacia el interior del caserón.

Todo parecía una locura, no podía creer lo que estaba sucediendo, colapsado por todo lo ocurrido me dirigí al coche para coger un arma mejor. Más seguro entré de nuevo al caserón y vi a mi compañero acercarse a mi, estaba un tanto cambiado y con una extraña expresión en la cara me dijo:
- En el nombre de Satán yo te tomaré.
Al acercarse vi que tenía los ojos rojos, parecía poseído, no supe como reaccionar y mientras tanto él sacó su pistola y me apuntó a la cara, no tuve otra opción, apreté el gatillo de mi escopeta y cayó fulminado, fue entonces cuando llegaron los refuerzos.

Cuando llegaron traían consigo a un cura, estaban al corriente de todo, ya que no era la primera vez que habían ocurrido cosas extrañas por estos alrededores, me ayudaron y hablé con el cura, me dijo que todo lo ocurrido había que llevarlo en el más riguroso secreto, lo que allí había pasado no tenía que saberlo nadie. Luego me consoló, me dijo que había actuado bien, que mi compañero había sido víctima de una posesión, en el caso de que no le hubiese disparado él lo habría hecho sin dudarlo y sería yo el que ahora estaría muerto.

Al día siguiente dejé el cuerpo de la guardia civil, desde ese día, cuando paso cerca de ahí me acuerdo de todo y sobre todo de mi compañero y buen amigo.