lunes, 28 de junio de 2010

La chica del segundo piso

Diego, un hombre joven que disfrutaba conocer gente con su mismos gustos referentes a la tecnología, el cine, y la música, por medio del chat, se encontraba recién llegado a un pequeño edificio cerca al centro, alquilando una habitación en el quinto piso, aunque estaba lejos de ser lujosa, si era cómoda y le brindaba la privacidad que un soltero como él deseaba, al principio no era de su completo agrado, puesto que en su primer visita, noto un olor fuerte como a madera quemada, el mismo que queda luego de cocinar con leña en un paseo, olor que detestaba pero que por motivos de economía decidió pasar por alto y aceptar la habitación sin protestar, ya instalado, en la primera semana como de rutina antes de dormir cerca de las 11 de la noche, se encontraba en una sala de chat y allí había entablado una conversación con una chica muy simpática y con sus mismos gustos, durante cerca de una hora se preguntaron y contaron muchas cosas, era una conversación muy amena, así, que él en algún momento y ansioso se atrevió a preguntarle su sitio de residencia, ella sin ningún problema le dio la ubicación de forma detallada y además le dijo que hacía poco había terminado una relación sentimental, diego quedo muy sorprendido porque la dirección que ella le dio era prácticamente la misma en donde él vivía, en un principio se imagino que la casualidad los había unido y que ella vivía en el mismo edificio, preguntándoselo mejor ella dio más detalles y resulto ser que vivía justo en un rustico edificio diagonal al suyo en el segundo piso, eran vecinos, y por la estreches de la calle se podían casi ver solo asomándose por la ventana, durante la siguiente semana y luego del trabajo diego llegaba ansioso a su habitación para conectarse y charlar con su nueva amiga, en una ocasión él le pidió que se asomara por la ventana para verla porque aunque él le dejo ver su foto, ella no lo había permitido aun, diciendo que no había que apresurarse, en efecto ella se asomo en aquella ocasión y le saludo con la mano aunque solo fue un momento puesto que eran casi las 11:30 pm y el frio era insoportable, diego reconoció la silueta de una mujer por la tenue luz de los postes puesto que ella se encontraba en una habitación oscura, diego no quería esperar más y decidió proponerle que se conocieran, ella dijo que no podía y que lamentaba no haberlo conocido antes, que simplemente lo mejor era no volver a hablarse, por un lado diego no comprendía la extraña actitud que esta mujer había tomado, y además el no estaba dispuesto a perder contacto con alguien que parecía tan valiosa, esa noche no hablaron mas, ya en la cama diego pensando, tomo la decisión de ir simplemente en la mañana y saludarla, aunque temeroso puesto que las citas a ciegas le habían dejado malas experiencias. en la mañana siguiente diego salió un poco más temprano al trabajo que de costumbre, pues quería conocer a esta mujer, y durante el día no tendría tiempo, cruzo la calle y en un vistazo más detallado, noto que este edificio de 6 pisos donde ella vivía se encontraba en un estado más lamentable que el que se veía en la noche y desde su ventana, aun así golpeo dos veces y luego de un momento salió una hombre de avanzada edad que de manera muy formal le pregunto que se le ofrecía, diego después de pensarlo le confesó la situación y le dijo que venía a conocer la chica del segundo piso, este anciano escucho la breve historia con una cara de confusión total y luego que diego terminara, le permitió seguir, cerró la puerta y le acompaño al segundo piso al llegar allí diego vio todo este piso en una desgracia total, las paredes negras el piso quemado y aun pequeños vestigios de lo que algún día fueron muebles, atónito pregunto qué sucedía y el anciano encargado del edificio le comento: hasta hace 3 semanas una mujer llamada Ana vivía aquí con su novio en una relación de casi 4 años, en la que al final completamente deteriorada la relación, solo se escuchaban gritos y groserías de ese apartamento, una noche cerca a las 2 de la mañana y después de una acalorada discusión por celos, ella se levanto y en la oscuridad, rego gasolina por todo el apartamento y le prendió fuego, muriendo ella y su novio quien aun dormía, la desgracia habría sido mayor si los vecinos de inmediato al percatarse de las llamas no hubieran llamado a los bomberos, cuando estos llegaron sofocaron el fuego, pero para la pareja este había sido el fin, desde entonces nadie ha entrado a este lugar. Al terminar la historia, diego no menciono palabra alguna, y se retiro de allí, sus amigos y familiares luego de conocer esta horrible historia duraron varios años para recuperar a diego, sea como sea el está seguro que siempre llevara en su mente el recuerdo de quien fue su amiga durante esas 2 semanas, anqué nunca pueda probarlo…

viernes, 18 de junio de 2010

Una noche en el panteón

Parecía una noche normal de halloween normal como todas, salimos a pedir calaverita, pedimos dulces por aquí y por allá cuando en eso pasamos por un panteón y le pedíamos calaveritas a todas las personas que estaban esa noche.
Cuando vimos al frente y llego una pequeña brisa , entonces fuimos a una parte que decía panteón privado de los Dylan , nos dio curiosidad y todo estaba oscureciendo en eso se empezaron a oír voces que venían de un cuarto del panteón , nos dio un poco de miedo pero nos animamos a entrar mientras más nos acercábamos mas se oía un llanto y otra voz que decía ayuda!! Auxilio!!!!
Al oírlo nos asustamos y salimos corriendo directo hacia la puerta pero en eso la puerta se cerró dejándonos adentro. Todo estaba oscuro pero por suerte encontramos una veladora, había muchas telarañas, caminamos, caminamos y caminamos parecía que ese cuarto no tenia fin, hasta que en una de esas no se porque nos caímos , mi hermana empezó a gritar y yo le pregunté que qué le pasaba, ella no respondió, parecía que no estaba con nosotras. En ese mismo instante sentí un escalofrió, no le tome ni la mayor importancia, pero al poco rato algo me mato del susto ya que volví a ver a mi hermana toda llena de sangre caminando hacia mi, yo alcance a oír que mientras caminaba decía 123 sal de la puerta del ropero que aquí tengo tus 3 deseos ……….. mi prima y yo nos asustamos tratamos de salir a como pudimos , desde ese entonces ya no volví a ver a mi hermana pero siempre al pasar por su cuarto se llega a oir su canto 123…….

miércoles, 9 de junio de 2010

El olor a fantasmas

La casa de los fantasmas tiene una historia, mitad irrealidad y mitad silencio. Ahora es una historia transformada, con olor a paraguas viejo que a veces se asoma por algún ventanal.
Esa casa vieja decía a nuestra infancia cosas terribles de imaginar y presentir, pero en todo ello hay algo que es verdaderamente real: nuestro miedo, un miedo tan grande que no nos atrevíamos ni siquiera a pasar por la puerta, ni a pisar su vereda brotada de pastos amarillos.
Una vez, Dalmacio, que era el mayor de todos los chicos, tuvo la audacia de pensar en voz alta: -¿Y si entramos a la casa de los fantasmas para ver cómo es por dentro? Un suspenso pálido hizo temblar la respuesta. Hasta que por fin Eufrasia, haciéndose eco de todos, dijo: -Tanto como el interior no, pero podemos ir hasta el patio de atrás y sacar toronjas, el árbol está lleno, al pasar por la esquina se alcanza a ver como brillan con el sol. -Está bien, podemos llevar una canasta para bajar muchas toronjas.
Y de esa manera, por primera vez tuvimos el atrevimiento de entrar; la puerta herrumbrada, herida en sus goznes, no opuso mayor resistencia al grupo. Íbamos todos muy juntos, azorados, por la vereda de cemento llena de grietas
En el mediodía lleno de domingo el grupo fue acercándose al inmenso árbol de toronjas. -Suban rápido y alcancen las más grandes -susurro Chela, con la mirada fija en una de las puertas herméticamente cerrada. No podía dejar de pensar en qué momento se abriría para permitir el paso a algún monstruo esquelético muy enojado por nuestro atrevimiento de ir nada menos que a sacar toronjas.
Y sucedió, en efecto, que muy lentamente se fue abriendo la puerta; el quejido metálico hizo que cada uno permaneciera en su sitio, como estatuas de vidrio, con las manos llenas de toronjas, las bocas abiertas, puro ojos, puro miedo, cuando del hueco se dibujó un negrísimo movimiento de pelos erizados, cola breve y mirar curioso, que se puso a ronronear amigablemente. -Un gatito negro, ¡qué lindo es! Eufrasia lo alzó. Era lindo de veras, lleno de pulgas y hambre. -Llevémoslo a casa- fue la proposición de todos. De pronto la puerta se cerró de golpe con tal violencia, que hizo la punta de los pastos. El pánico se apoderó de todos y comenzamos a correr hacia la salida. Llegamos a casa sin aliento, justo cuando la campana llamaba para el almuerzo y justo para contar la aventura.
Anacleta puso fin al relato diciendo que esa tarde iba a hacer dulce de toronjas, y acto seguido se adueñó del gato para darle de comer. -Se llamará Mefistófeles - dijo.
Esa tarde, por los tres patios se extendió el olor a dulce de toronjas, que por supuesto, desde entonces, se transformó en el olor de los fantasmas.
Mefistófeles, que tomó la costumbre de pasearse por el borde de las cornisas, continuamente también me lo recordaba.